Me gustaría que todos mostraran respeto hacia las personas que formamos este foro. Se puede estar de acuerdo o no, pero no he creado este foro para entrar en discusiones ni preguntas que no podamos o sepamos responder, sino que lo he creado para poner al alcance de toda persona interesada en estos temas, toda la información que llega a mis manos y que yo misma he ido viviendo. Todo lo que intercambiemos será agua bendita, así que hagamos buen uso de este lugar. Mil besos y mil abrazos. Prudi
Que ninguna luz aparentemente grande,
difumine la que emana de ti. Cuídala y vivirás
en su protección...
LA HOJA DE ARBOL (cuento y tributo a mi ser vivo sagrado: el árbol y metáfora de mi enfermedad)
Esta es la historia de una hoja de árbol que nació, creció y murió, sin saber que era hoja de árbol.
Cuando la hoja nació, sintió dicha: por fin podría mecerse al compás que marcaba el viento, y éste le susurró: “hoja, has nacido y tienes que vivir, por tanto, déjate mecer”. A la mañana siguiente, recibió los primeros rayos de sol, sintió dicha: por fin daría color a su cuerpo, y éste le susurró: “hoja, has nacido y tienes que vivir, por tanto, déjate colorear”. Al anochecer, la hoja miró al cielo y contempló a las estrellas, sintió dicha: miles de ojos la observaban, y éstas le susurraron: “hoja, has nacido y tienes que vivir, por tanto, déjate observar”. Un día comenzó a llover y la hoja de nuevo sintió dicha: las gotas de lluvia refrescarían su cara, y éstas le susurraron: “hoja, has nacido y tienes que vivir, por tanto, déjate refrescar”.
La hoja no comprendía el significado de aquéllos susurros, sólo sabía que se sentía dichosa por ser hoja.
Un buen día, notó que el viento ya no la mecía al compás de su música, y preguntó: “viento, ¿por qué ya no me meces?, sigo estando viva”... y el viento quedó mudo. Viendo que no obtuvo respuesta por parte del viento, esperó la llegada del amanecer... pero el amanecer nunca llegó: los rayos de sol habían desaparecido, y la hoja preguntó: “sol, ¿por qué ya no das color a mi cuerpo?, sigo estando viva”... pero el sol quedó mudo.
Angustiada, esperó la llegada del anochecer y miró al cielo, donde antes habían ojos que la observaban, ahora había oscuridad, y la hoja gritó: “¡estrellas ¿por qué ya no me observáis? Sigo estando viva!”... de nuevo silencio por respuesta. Esperanzada, quiso preguntar a la lluvia, pero ésta ni siquiera apareció.
La hoja comenzó a temblar, sabía que dejaría de ser hoja muy pronto. Conforme iban pasando los días, la hoja de árbol se iba marchitando poco a poco, y ya no danzaba al compás del viento: permanecía inmóvil; ya no recibía los rayos del sol: su cuerpo estaba pálido; ya no bebía gotas de lluvia: su alma estaba seca.
Ya no le importaba seguir aferrada a la rama del árbol, porque de repente comprendió el significado de aquéllos susurros que viento, sol, lluvia y estrellas le habían dado.
Llegó el día en el que la hoja se marchitó: dejó de estar en la rama, y mientras caía al suelo, la hoja supo que NUNCA abandonaría al árbol, pues se convertiría en el aire que mecería, en el sol que daría color, en estrellas que contemplarían... y en gotas de lluvia: pues estas serían cada una de las lágrimas derramadas por querer seguir siendo hoja de árbol.
Hoy, bajo la sombra de ése árbol, se oye al viento, sol, lluvia y estrellas susurrar: “SOY LA HOJA, SIGO VIVA, NUNCA ME MARCHITE”.
Prudi Armero Hernández. 23 Julio 1998. Luchadora con Distrofia Muscular ambas cinturas…y muchas ganas de vivir.
MORALEJA: Cuando morimos, una parte de nosotros vive en cada una de las personas que hemos conocido. La muerte sólo significa olvido, por esto mismo, amo la vida más allá de la muerte.
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